El Orden Sacerdotal es para Siempre

“Tú eres Sacerdote para Siempre, según el rito de Melquisedec”— Hebreos 7:17

La Verdad que la Iglesia Enseña.

La Iglesia Católica, en comunión con la Sagrada Escritura y el Magisterio, enseña con claridad que el Sacerdocio Ministerial conferido por el Sacramento del Orden es de carácter perpetuo e indeleble. No es un rol, ni una función pasajera, sino una realidad espiritual profunda y permanente.

Fundamento Bíblico

Jesús instituyó el Sacerdocio en la Última Cena: “Haced esto en memoria mía.” (Lucas 22:19–20, 1 Corintios 11:23–26).

Confirió el poder de perdonar pecados: “A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados.”  (Juan 20:21–23).

La ordenación se transmitió por imposición de manos. Cristo es el Sumo Sacerdote eterno y único». (Hechos 6:6, 1 Timoteo 4:14, 2 Timoteo 1:6).

“Cristo posee un Sacerdocio perpetuo que no pasa a otro.” (Hebreos 5:1–10, 7:24)

Lo que la Iglesia afirma en su Derecho Canónico y Catecismo.

Código de Derecho Canónico:

Canon 1008: El Sacerdocio Ministerial es de institución divina.

Canon 1009: El Sacramento del Orden imprime un carácter espiritual indeleble.

Canon 290: Aunque un sacerdote sea dispensado del Ministerio, sigue siendo sacerdote.

Canon 1338: Puede ser privado del ejercicio, pero no del Sacerdocio.

Catecismo de la Iglesia Católica:

CCC 1582: “Esta participación en la misión de Cristo se concede para siempre. El Sacerdocio no puede ser anulado.”

CCC 1563: “El Orden imprime un carácter sacramental irrevocable.”

CONCLUSIÓN

El padre Luis Bazalar García sigue y seguirá siendo para siempre sacerdote católico porque su vocación no nace de un cargo ni de un título, sino de un llamado eterno de Dios. Su vida, marcada por el servicio, la entrega y el amor incondicional a Cristo y a su Iglesia, es testimonio vivo de que el Sacerdocio es para siempre. Aunque cambien los tiempos y pasen los años, su alma ha sido sellada con el fuego del Espíritu Santo, y su «sí» generoso al Señor lo une para siempre al Altar, a la Palabra y al pueblo de Dios. Porque cuando un corazón se consagra verdaderamente, lo hace para la eternidad.